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martes, 31 de marzo de 2020

Un año de prisión a Maldito grabó vídeo mientras niño le practicaba sexo oral en Puerto Plata

Una jueza de la Oficina Judicial de Atención Permanente en Puerto Plata impuso un año de prisión como medida de coerción a un joven acusado de abusar sexualmente de dos niños.
El imputado es Yordi Rojas, de 18 años, quien filmó mientras un menor de tres años le practica sexo oral ante la mirada de otro de dos.
Además de abusar sexualmente de los menores, Rojas subió la fílmica a las redes sociales.
Trascendió que el agresor era el motoconchista de confianza de los padres de los niños.
La magistrada Jenny Martínez envió a Yordi Rojas al Centro de Corrección y Rehabilitación San Felipe, de esta ciudad.

martes, 5 de abril de 2016

El Beso Negro una practica que estimula tabúes

Sin importar género u orientación sexual, dar o recibir placer a través del sexo oral anal causa polémica. Para algunas personas resulta poco higiénico, atrevido o pervertido; para otros, el contacto entre boca y ano lleva al orgasmo seguro. ¡Aquí, todo lo que debes saber sobre el “beso negro” o rimming!
¡Todo por un “beso de colibrí”!
También conocido como “beso de colibrí” o “beso polaco”, el “beso negro” consiste en la estimulación del ano mediante lengua o labios para provocar excitación, placer erótico y sexual de la pareja.

Debido a tabúes entre heterosexuales que sienten vergüenza al solicitarlo a su pareja, se ha considerado que el científicamente llamado anilingus es práctica exclusiva de homosexuales. Sin embargo, esto es sólo un mito pues el “beso polaco” resulta altamente estimulante para alcanzar tanto el orgasmo femenino como el masculino.

Se le llama “beso de colibrí” porque estimula el periné (base de la pelvis, entre los genitales y el ano de mujeres u hombres) y la lengua penetra el ano profundamente, simulando la manera en que esta ave succiona el néctar de las flores.

La humedad, fricción y temperatura tibia que la boca posee al contacto con zonas erógenas como el periné o el ano puede resultar tan placentero para las parejas, que termina por ser una de sus prácticas sexuales favoritas.

La llamada posición del “69” (con la boca en los genitales de la pareja) y la de “perrito” (donde la mujer da la espalda a su pareja para ser penetrada) son las posturas más recomendables para que el anilingus resulte la estrella del sexo oral.

Rimming, ¿peligroso?
Como cualquier otra práctica de sexo oral, el “beso negro” involucra riesgo de contagio de enfermedades de transmisión sexual u otro tipo de infecciones debido a presencia de bacterias, virus o parásitos alrededor o dentro del ano si no se toman medidas de higiene y protección adecuadas:

Hepatitis A, B o C: cuyos virus se transmiten por heces o sangre de una persona infectada y causan inflamación del hígado. El tipo A es el menos grave, pues las otras suelen ser crónicas.
Lombriz intestinal: su contagio se produce por ingestión de los huevecillos, que se eliminan a través de las heces.
Virus del papiloma humano (VPH): agente infeccioso que afecta piel y mucosas; causa formaciones de tejido anormal (verrugas, mezquinos, neoplasias, entre otras alteraciones a nivel celular) e, incluso, cáncer.
Shigella: infección del intestino que se caracteriza por dolor abdominal y rectal agudo, fiebre, heces con sangre y moco, diarrea acuosa y vómito.
Gonorrea: infección que afecta las paredes de la uretra (canal por donde transita la orina) en el hombre, y de la vagina en la mujer, o del ano y recto en ambos. También puede aparecer en la garganta si se practica sexo oral sin protección.
Herpes: enfermedad de transmisión sexual incurable que ocasiona lesiones (erupción) en todo el cuerpo, principalmente en boca (conocidos como fuegos labiales) y órganos reproductores.
VIH/sida: heridas bucales o encías irritadas durante el contacto entre boca y ano favorecen el contagio del virus causante de sida, ya que puede haber contacto con sangre o mucosas del ano infectadas.
Para prevenir posible contagio, lo mejor es llevar a cabo la práctica del “beso polaco” con una sola pareja y usar condón o alguna protección de látex en la zona anal o vaginal que evite el contacto directo de la boca con los fluidos de la otra persona.

Estas barreras bucales se venden en muchas farmacias o tiendas de artículos sexuales, pero también se pueden hacer cortando un preservativo. Asimismo, utiliza únicamente lubricantes a base de agua para no dañar este material.

Consejos para practicar el “beso negro”
El “beso negro” es una de las mejores formas de estimulación del ano, una de las zonas erógenas más importantes del cuerpo femenino y masculino, y puede convertirse en un paso previo al sexo anal y/o vaginal.

Para dar un “beso de colibrí” puedes comenzar acariciando y jugueteando con los glúteos de tu pareja a través de la masturbación, pasa a sus genitales para luego ir con tu mano poco a poco hacia el periné. Una vez allí, inicia la estimulación del ano frotando suavemente con tu dedo medio o tu lengua en movimientos circulares.

Usa tu lengua para masajear el periné y tu boca para chupar y disfrutar del rimming, el cual puedes seguir alternando con la masturbación por otras partes del cuerpo convirtiendo la experiencia en una explosión de sensaciones que causarán el orgasmo masculino o femenino.

“Beso negro”, pero ante todo, higiénico
Por tratarse de sexo oral-anal, la higiene es fundamental. Antes de practicar o recibir el rimming asegúrate de:

Lavar perfectamente tu ano con suficiente agua. Incluso puedes tomar un baño en pareja y así asegurar el lavado anal.
No emplees jabón, pues podría irritar la mucosa anal, solamente su espuma.
Quita cualquier exceso de materia fecal con movimientos circulares de adentro hacia afuera.
Mantén el área libre de vello, pero depílate al menos un par de días antes para que no te quede ningún tipo de irritación o escozor.
Antes de pasar del “beso negro” a estimular los genitales de tu pareja, lávate la boca para evitar infecciones en el tracto urinario.
Es muy importante que ambos miembros de la pareja estén de acuerdo con el “beso negro” y lo hagan plenamente seguros sin ningún tipo de presión. Si alguno de los dos no lo desea, lo mejor es detenerse.

SyM - Luz Escutia López

miércoles, 17 de febrero de 2016

Ingerir semen durante el acto sexual ¿tiene algún riesgo para la salud?

No es un secreto que durante la práctica del sexo oral puede que el hombre eyacule en la boca de su pareja sexual. Existen muchas dudas sobre si el tragar semen tiene algún riesgo para la salud, específicamente aumentado la posibilidad de contraer alguna Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS) incluyendo el VIH que causa SIDA. Si te interesa aprender un poco más sobre si es seguro tragarse el semen durante el sexo, sigue leyendo. Recuerda que en Vida y Salud te hablamos claro para que las preguntas que tienes sobre la sexualidad, también tengan una respuesta clara.

A la hora de mantener relaciones sexuales, hay prácticas que son comunes aunque te de vergüenza hablar de ellas. En este caso concreto, me refiero a una situación que se presenta con regularidad: tragar el semen cuando se practica el sexo oral en un hombre.

Para algunas personas, el tragar el semen es algo excitante, mientras que para otras, puede resultar desagradable. Cualquiera que sea tu posición al respecto, es respetable y tu pareja debe estar al tanto de ella.

Si tienes dudas sobre esta práctica porque piensas que puede acarrear algún riesgo para tu salud, el informarte al respecto es un buen comienzo. Para eso, empecemos por el principio:

¿De qué está compuesto el semen?
El semen o esperma, es un líquido viscoso fabricado por el aparato sexual masculino que contiene los espermatozoides y el líquido seminal. La consistencia puede variar de menos a más viscoso, su olor es fuerte y su sabor, aunque depende de cada individuo y su alimentación, puede ser dulzón debido a la presencia de proteínas y glucosa (azúcar).

¿Existe riesgo de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) si te tragas el semen durante la práctica del sexo oral?
Antes que nada, te quiero recordar que siempre que tienes sexo oral, existe el riesgo de transmisión de ETS. No te dejes engañar por el mito de que las ETS sólo se transmiten por vía vaginal o anal. Esto no es cierto.

Sin embargo, si tu pareja está sana, la ingestión del semen no conlleva ningún riesgo para tu salud. Pero si tiene alguna enfermedad infecciosa o ETS, el riesgo de que tú puedas infectarte, es alto. Algunas de las ETS que se transmiten vía oral son: herpes, clamidia, gonorrea, hepatitis B y verrugas genitales. El VIH/SIDA también puede contraerse por esta vía, aunque el riesgo es más bajo.

A pesar de que el riesgo es menor, esto no significa que no exista. Por eso es importante que tengas en cuenta que el riesgo de transmisión de VIH a través del sexo oral aumenta si:

La persona que está dando sexo oral tiene VIH y la sangre de su boca (si hay alguna herida por minúscula que sea) entra al cuerpo de la persona que recibe el sexo oral a través del revestimiento de la uretra o alguna herida en el pene.
La persona que está recibiendo sexo oral tiene VIH. Su sangre, semen y líquido pre-seminal pueden contener el virus y entrar en el cuerpo de la persona que está dando el sexo oral a través de heridas en la boca o en la garganta.
Entonces, ¿es mejor tragarlo o escupirlo?
Se sabe que las enzimas presentes en la saliva destruyen el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y que el si el semen está contaminado por el VIH, el virus puede morir en el estómago gracias a la acción de los ácidos. Lo mejor sería que si no hay seguridad acerca del estado de salud de la persona con la que estás, no practiques sexo oral. Pero si en el calor del sexo, te encuentras con que la eyaculación en tu boca es inminente, tienes dos opciones: escupir el semen rápidamente o tragártelo de inmediato para minimizar el contacto con las membranas como la boca y la garganta.

Mi consejo sigue siendo que cada vez que decidas tener relaciones sexuales, te asegures de que esa persona esté en buen estado de salud. Ir al médico juntos es el mejor inicio de una relación libre de preocupaciones y riesgos.

Si tienes una pareja estable y estás en una relación monógama y honesta, no debes preocuparte. El ingerir el semen de un hombre sano no representa ningún riesgo para tu salud.

Tomado de http://www.vidaysalud.com/

viernes, 12 de septiembre de 2014

Espectáculos Públicos prohíbe presentaciones a “El Mayor” por 30 días

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- La Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR) prohibió este jueves durante 30 días las presentaciones artísticas de cantante de música urbana Emmanuel Reyes, mejor conocido como ”El Mayor”, por supuestamente haber cometido “acciones impúdicas” al permitir que una joven le simulara la felación durante un show artístico.

La suspensión está contenida en la Resolución 004/2014 de la CNEPR, en la que consta que el cantante habría incurrido en el hecho durante una presentación en el centro de diversión Máximo Playa, ubicado en Boca Chica, el pasado lunes primero de septiembre.

En la resolución consta que el organismo se reserva el derecho de iniciar el proceso judicial en contra del cantante, de acuerdo a la ley y el derecho, en caso de incumplimiento.

La pieza fue firmada por el presidente de la CNEPR, J.M. Hidalgo; la vicepresidenta, Glenys Thompson Polonio, y Cándido Ventura Ortega, Elido A. Reyes Peña y Domingo Martínez, miembros, y por la secretaria Dayana Mella Hernández.

viernes, 9 de mayo de 2014

Testimonio de Monica Lewinsky sobre su relación con el ex presidente estadounidense Bill Clinton

Monica Lewinsky, la entonces becaria de la Casa Blanca a quien Bill Clinton -en 1998- eligió para engañar a su esposa, decidió contar su historia.


“¿Qué se siente ser la principal reina del sexo oral de Estados Unidos?”

Era principios de 2001. Estaba sentada en el escenario de la Universidad Cooper Union en medio de la filmación de una sesión de preguntas y respuestas para un documental de HBO. Yo era el tema. Y estaba pasmada.

Cientos de personas en la audiencia, mayormente estudiantes, me estaban mirando, muchos boquiabiertos, preguntándose si me atrevería a responder la pregunta.

El principal motivo por el cual había aceptado participar en el programa no era para refritar o modificar la historia del “Interngate”, sino para intentar mover la atención a temas significativos. Muchas inquietantes preguntas políticas y judiciales habían salido a la luz por la investigación y el proceso del presidente Bill Clinton. Pero las más escandalosas habían sido generalmente ignoradas. La gente parecía indiferente ante los asuntos más profundos, como la erosión de la vida privada en la esfera pública, el balance de poder y la desigualdad de género en la política y los medios, y la erosión de las protecciones legales que aseguran que ni padres ni hijos tendrían que testificar contra el otro.
Qué inocente era.
Hubo jadeos y farfulleos de la audiencia. Muchas personas borrosas y sin rostro gritaron “¡No respondas!”.
“Es hiriente e insultante”, dije, tratando de recobrar mi agudeza. “Y por insultante que sea para mí, es más insultante para mi familia. Realmente no sé por qué esta historia se volvió sobre el sexo oral. No lo sé. Fue una relación mutua… El que lo haya hecho tal vez sea resultado de una sociedad dominada por los hombres”.
La audiencia rió. Tal vez estaban sorprendidos de escuchar esas palabras viniendo de mí.
Miré directamente al tipo sonriente que había hecho la pregunta. “Tal vez tú estés en una mejor posición para responder eso”. Luego de una pausa, agregué: “Eso probablemente me costó otro año de terapia”.
Podrían argumentar que aceptando participar en un documental de HBO llamado Monica en Blanco y Negro me había anotado para ser avergonzada y humillada públicamente otra vez. Podrían hasta pensar que me había acostumbrado a la humillación. Este encuentro en Cooper Union, después de todo, palideció en comparación con el Reporte Starr de 445 páginas, que fue la culminación de una investigación de cuatro años del consejero independiente Kenneth Starr sobre Clinton en la Casa Blanca. Incluía un capítulo y versículos sobre mis actividades sexuales íntimas, junto con transcripciones de grabaciones de audio que registraban muchas de mis conversaciones privadas. Pero la pregunta de “reina del sexo oral” -que fue incluida en el programa cuando fue transmitido por HBO en 2002- se quedó conmigo por un tiempo largo.
Es verdad, no era la primera vez que había sido estigmatizada por mi aventura con Bill Clinton. Pero nunca antes había sido confrontada tan directamente, de uno a uno, con una caracterización tan grosera. Una de las consecuencias no intencionadas de aceptar ponerme a la vista y tratar de contar la verdad había sido que la vergüenza sería otra vez puesta alrededor de mi cuello como una A escarlata. Créanme, una vez que uno la tiene, es muy difícil sacársela.
Si ese momento incómodo en Cooper Union hubiera sido transmitido unos años más tarde, con el advenimiento de los medios sociales, la humillación habría sido aún más devastadora. Ese clip se habría vuelto viral en Twitter, YouTube, Facebook, TMZ, Gawker. Habría sido un meme en Tumblr. La viralidad misma habría merecido mención en el Daily Beast y el Huffington Post. Así como era, ya era lo suficiente viral y, gracias a la naturaleza abarcadora de la Web, podrías, 12 años después, verlo todo el día en YouTube si quisieras (y espero que tengas cosas mejores que hacer con tu tiempo).
Sé que no estoy sola en lo que respecta a la humillación pública. Nadie, parece, puede escapar a la mirada imperdonable de internet, donde el chisme, las medias verdades y las mentiras se arraigan y amargan. Hemos creado, para tomar prestado un término del historiador Niculaus Mills, una “cultura de la humillación”, que no sólo alienta y se deleita en el placer de la humillación ajena, sino que también recompensa a aquellos que humillan a otros, desde los paparazzis hasta los blogueros de chismes, comediantes nocturnos y “emprendedores” de la web que lucran con videos clandestinos.
Sí, todos estamos conectados ahora. Podemos tuitear una revolución en las calles o registrar logros grandes o pequeños. Pero estamos atrapados en un círculo retroalimentable de difamación y vergüenza, uno en el que nos convertimos en víctimas y victimarios. Tal vez no nos convertimos en una sociedad más cruel -aunque a veces, de verdad, se siente como si lo hubiéramos hecho- pero internet ha desplazado sísmicamente el tono de nuestras interacciones. La facilidad, la velocidad y la distancia que nuestros dispositivos electrónicos nos brindan también pueden hacernos más fríos, más elocuentes y menos preocupados por las consecuencias de nuestras bromas y prejuicios. Habiendo vivido la humillación en la forma más íntima posible, me impresiona que tan gustosamente todos hayamos aceptado esta nueva forma de ser.
En mi propio caso, cada clic fácil de ese link de YouTube refuerza el arquetipo, a pesar de mis esfuerzos por desviarlo: yo, la Reina del Sexo Oral de Estados Unidos. Esa pasante. Esa zorra. O, en la ineludible frase de nuestro presidente número 42, “esa mujer”.
Puede sorprenderles aprender que realmente soy esa persona.
En 1998, cuando salieron noticias de mi aventura con Bill Clinton, podría decirse que fui la persona más humillada en el mundo. Gracias al Reporte Drudge, también posiblemente fui la primera persona cuya humillación global fue impulsada por internet.
Por varios años probé suerte en el negocio de accesorios de moda y me involucré en varios proyectos mediáticos, incluyendo el documental de HBO. Después, por la mayor parte mantuve un perfil bajo. (La última entrevista importante que di fue hace diez años). Después de todo, no tener un perfil bajo me había expuesto a la crítica por tratar de “aprovecharme” de mi “notoriedad”. Aparentemente, que otros hablen de mí está bien; yo hablando por mí misma no lo está. Rechacé ofertas que me habrían hecho ganar más de u$s10 millones porque no se sentían como la cosa correcta que hacer. Con el tiempo, el circo mediático se tranquilizó, pero nunca siguió adelante, incluso cuando yo intenté hacerlo.
Mientras tanto, vi cómo las vidas de mis amigos seguían adelante. Matrimonios. Hijos. Títulos. (Segundos matrimonios. Más hijos. Más títulos). Decidí cambiar de página y hacer un posgrado.
Me mudé a Inglaterra para estudiar, para desafiarme a mí misma, para escapar el escrutinio y para reimaginar mi identidad. Mis profesores y compañeros en la Universidad de Economía de Londres fueron maravillosos, acogedores y respetuosos. Tenía más anonimato en Londres, tal vez por el hecho de que pasé la mayor parte de mis horas en clase o en la librería. En 2006, me gradué en una maestría en Psicología Social. La tesis de mi maestría examinaba la parcialidad social en la corte y se titulaba “En busca del jurado imparcial: una exploración de la publicidad previa al juicio y el Efecto de la Tercera Persona”. Me gustaba bromear que estaba cambiando el vestido azul por las medias azules, y el título me brindó un nuevo andamio en el cual colgar mis experiencias de vida. También probaría ser, esperaba, un escape hacia una vida normal.
Me mudé a Londres, Los Ángeles, Nueva York y Portland, Oregon, y tuve entrevistas para una variedad de trabajos que estaban abarcados en “comunicación creativa” y “marcas”, con un énfasis en campañas de caridad. Sin embargo, por lo que mis empleadores potenciales con tacto llamaban mi “historia”, yo nunca era “justa” para la posición. En algunos casos, era perfecta por los motivos equivocados, como en “Por supuesto, tu trabajo requeriría que vayas a nuestros eventos”. Y, por supuesto, estos serían eventos a los que la prensa asistiría.
En una prometedora entrevista de trabajo que tuvo lugar en el período previo a la temporada electoral de 2008, la conversación tomó un giro interesante. “La cosa es así, Monica”, me dijo el entrevistador. “Claramente eres una joven brillante y afable, pero para nosotros –y probablemente para cualquier otra organización que dependa de subvenciones y financiamiento gubernamental– es riesgoso. Primero necesitaríamos una carta de indemnización de los Clinton. Después de todo, hay un 25% de posibilidades de que la Sra. Clinton sea la próxima presidente”. Le di una sonrisa falsa y dije: “Lo entiendo”.
En otra entrevista de trabajo, esta típica: entré a la rígida y fría área de recepción de una moderna pero prestigiosa agencia de publicidad en Los Ángeles, mi ciudad natal. Como siempre, puse mi mejor sonrisa de “Soy amistosa, no una diva”. “Hola. Monica Lewinsky para ver a Tal y Tal”.
La recepcionista de veintitantos ajustó sus anteojos de borde negro hipster. “¿Monica qué?”.
Antes de que pudiera responder, otro veinteañero, en jeans ajustados, camisa a cuadros y moño, se acercó rápidamente y interrumpió: “Señorita Lewinsky”. Como un camarero, continuó: “Un placer tenerla aquí. Le haré saber a Tal y Tal que llegó. ¿Latte de soja? ¿Té verde? ¿Agua de filtro?”.
Me encontré sentada en una pequeña mesa redonda, cara a cara con Tal y Tal, el jefe de estrategia y planeamiento de la agencia. Hablamos. Ella seguía haciendo muecas. Esto no iba bien. Traté de no ponerme nerviosa. Ahora no sólo hacía muecas sino también se aclaraba la garganta. ¿Era eso transpiración en su frente? Entonces me di cuenta: ella estaba nerviosa, con tics y todo.
Me había vuelto experta en manejar un número de reacciones en situaciones sociales y entrevistas de trabajo. Lo entiendo: debe ser desconcertante sentarse frente a “esa mujer”. No hace falta decirlo, no conseguí la posición.
Eventualmente me di cuenta de que el empleo tradicional tal vez no fuera una opción para mí. Logré arreglarme (apenas, a veces) con mis propios proyectos, usualmente con emprendimientos en los que participé o con préstamos de amigos y familiares.
En otra entrevista de trabajo me preguntaron “¿Si fueras una marca, que marca serías?”. Déjenme decirles, cuando eres Monica Lewinsky, ésa es una pregunta con mucha carga.
En septiembre de 2010, la culminación de estas experiencias empezó a darme un contexto más amplio. Una conversación telefónica con mi madre cambió el lente a través del cual miraba el mundo. Estábamos discutiendo la trágica muerte de Tyler Clemente. Tyler, recuerden, fue un estudiante de primer año de 18 años de Rutgers al que secretamente filmaron por cámara web besando a otro hombre. Días después, luego de haber sido ridiculizado y humillado en medios sociales, se suicidó saltando del Puente George Washington.
Mi mama lloró. Sollozando, repetía una y otra vez :”Cómo se deben sentir sus padres…sus pobres padres”.
Fue un evento increíblemente trágico y, aunque escucharlo también me hizo llorar, no podía entender por qué mi mamá estaba tan destruida. Entonces caí en la cuenta: estaba reviviendo 1998, cuando no me dejaba salir de su casa. Estaba reviviendo esas semanas cuando se quedaba en mi cama. Noche tras noche, porque yo también era suicida. La vergüenza, el desdén y el miedo que le habían lanzado a su hija le había metido miedo de que yo también tomara mi propia vida; un miedo de que me humillaran hasta matarme. (Nunca intenté suicidarme, pero tuve fuertes tentaciones suicidas varias veces durante las investigaciones y durante uno o dos períodos después).
Nunca sería tan presuntuosa como para poner mi historia en el mismo nivel que la de Tyler Clementi. Después de todo, mi humillación pública había sido el resultado de mi enredo con una figura pública reconocida mundialmente; o sea, una consecuencia de malas elecciones propias. Pero en ese momento, cuando sentí la profundidad del dolor de mi madre, deseé haber podido tener la oportunidad de hablar con Tyler sobre cómo mi vida amorosa, mi vida sexual, mis momentos más privados, mis secretos mejor guardados habían sido transmitidos alrededor del mundo. Deseé haber podido decirle que sabía un poco sobre cómo pudo haberse sentido al ser expuesto ante el mundo. Y que, por difícil que fuera imaginarlo, sobrevivir era posible.
Con la tragedia de Tyler, mi propio sufrimiento tomó un significado diferente. Tal vez compartiendo mi historia, razoné, pueda ayudar a otros en sus momentos más oscuros de humillación. La pregunta se convirtió en: ¿cómo encuentro y le doy un propósito a mi pasado? Fue mi momento de Prufock: “¿Me atrevo a perturbar el universo?”. O, en mi caso, el universo Clinton.
A pesar de una década de silencio autoimpuesto, fui periódicamente resucitada como parte de la conversación nacional, casi siempre en conexión con los Clinton. Por ejemplo, en enero y febrero de este año, Rand Paul, el senador de Kentucky y posible aspirante del Partido Republicano para presidente en 2016, logró arrastrarme al estiércol de la preelección. Luchó contra las acusación de los demócratas de que el G.O.P. lleva adelante una “guerra contra las mujeres” argumentando que Bill Clinton había cometido “violencia” laboral y actuado como un “depredador” contra “una chica de 20 años que estaba ahí por la universidad”.
Claro, mi jefe se aprovechó de mí, pero siempre me voy a mantener firme en esta posición: fue una relación consensuada. Cualquier “abuso” vino más tarde, cuando fui convertida en un chivo expiatorio para proteger su poderosa posición.
Así que tratar de desaparecer no me mantuvo fuera de la lucha. Soy, para mejor o peor, presumida de ser conocida. Todos los días soy reconocida. Todos los días. A veces una persona pasa al lado mío una y otra vez como si no lo notara. (Por suerte, el 99,9% de las veces, cuando desconocidos me dicen algo, me apoyan y respetan). Todos los días alguien me menciona en un tuit o blog, y no siempre amablemente. Todos los días, parece, mi nombre figura en un artículo de opinión o un clip de prensa o dos –mencionada de paso en artículos sobre temas tan dispares como los millennials, Scandal, y la vida amorosa del presidente francés François Hollande–. Miley Cyrus hace referencia a mí cuando hace twerking en el escenario, Eminem rapea sobre mí y el último hit de Beyoncé me referencia. Gracias, Beyoncé, pero si vamos a usar nombres como verbos, creo que quisiste decir “Hizo un Bill Clinton sobre mi vestido”, no un “Monica Lewinsky”.
Con todo hombre con el que tengo una cita (sí, ¡tengo citas!), sufro cierto grado de recuerdo de 1998. Tengo que ser prudente sobre lo que significa ser “pública” con alguien. En los primeros años luego del proceso, una vez dejé un asiento de primera fila junto a la línea de tercera base en un juego de los Yankees cuando me enteré de que mi cita –un tipo cuya compañía disfruté sumamente– estaba en una relación. Era sólo un matrimonio para conseguir una tarjeta de residencia, pero me asustó que pudiéramos ser fotografiados juntos y que alguien llamara a los periodicuchos de los chismes. Me volví hábil en darme cuenta cuándo hombres están interesados en mí por el motivo equivocado. Por suerte, esos fueron pocos y separados en el tiempo. Pero todo hombre que fue especial para mí en los últimos 16 años, me ayudó a encontrar otra parte de mí, el yo que fue destrozado en 1998. Y, más allá del dolor del corazón, las lágrimas o el desencanto, siempre les voy a estar agradecida.
En febrero de este año, alrededor del tiempo en que el senador Paul me puso en el centro de atención sin yo quererlo, me convertí la “chiflada narcisista”, el último giro en el Yo como Arquetipo.
Una imagen de un escenario al que me acostumbré demasiado, incluso cuando intentó continuar con mi vida: un timbre estridente interrumpe los ritmos de mi día. La llamada –del portero del edificio en el que estoy en Nueva York– me hace decir un exasperado “¿Qué? ¿Otra vez?”. Reaparecieron: los paparazzis, como golondrinas, volvieron a la vereda de afuera, caminando y circulando y caminando un poco más.
Voy a la computadora. Es tiempo de un poco de autogoogleo. (Oh, querido lector, por favor no me juzgues). Mi corazón se hunde. Hay una explosión en Google News. Sé lo que esto significa. Cualquier día que haya tenido planeado se fue por la borda. Dejar la casa –y arriesgarme a ser fotografiada– sólo asegura que la historia seguirá viva.
Las cámaras han regresaron por los titulares: un sitio web conservador estuvo revisando en la Universidad de Arkansas el archivo de uno de las más cercanas amigas y admiradoras de Hillary Clinton, Diane Blair, y ha encontrado una serie de memos de los 90. En algunos de ellos, Blair, que murió en el 2000, cita a la ex primera dama sobre la relación de su esposo conmigo. Aunque Hillary, según las notas de Blair, dijo que consideró el “lapso” de su esposo inexcusable, lo reivindicó por tratar de “manejar a alguien que era claramente una ‘narcisista chiflada’”.
Mi primer pensamiento, mientras me ponía al día: si eso fue lo peor que dijo, puedo considerarme suertuda. La señora Clinton, leo, había supuestamente confiado a Blair que, en parte, se culpaba a sí misma por la aventura de su esposo (por ser negligente emocionalmente) y parecía haberlo perdonado. Aunque consideraba que Bill había actuado con una conducta “desagradable e inapropiada”, la aventura fue, no obstante, “consensual (no era una relación de poder)”.
Respondo las usuales llamadas de amigos que brindan apoyo moral cuando estas historias mediáticas volcánicas hacen erupción. Deshacen la tensión con burlas bien intencionadas: “¿Así que vamos a cambiar tu monograma a NC?”. Trato de ignorar los largamente enterrados comentarios de la primera dama. Dadas mis experiencias con Linda Tripp, sé mejor que cualquiera lo que es que una conversación con una amiga sea expuesta y escrutada, puesta fuera de contexto. Pero igual me empieza a carcomer. Me doy cuenta de que Hillary Clinton estaba –a diferencia de mí cuando Tripp revisaba mis más profundos secretos e inseguridades y grabándolas– completamente consciente de esta documentación: ella es la que, según los memos, le pidió a Blair que mantuviera un registro o diario de sus discusiones para propósitos de archivo.
Sí, lo entiendo. Hillary Clinton quería que quedara registrado que estaba arremetiendo contra la amante de su esposo. Podrá haber culpado a su esposo por ser inapropiado, pero encuentro su impulso por culpar a la Mujer –no sólo a mí, sino también a ella– perturbador. Y muy conocido: con cada indiscreción matrimonial que llega a la esfera pública –muchas de la cuales involucran a políticos masculinos–, siempre parece que la mujer convenientemente se echa la culpa. Claro, los Anthony Weiners y Eliot Spitzers hacen lo que pueden para parecer humillados en las noticias de cable. Dejan la vida pública por un tiempo, pero inevitablemente regresan, dejando todo atrás. Las mujeres en estos enredos regresan a vidas que no son reparadas tan fácilmente.
Pero hay otra capa que me enoja: ¿Narcisista? ¿Chiflada?
Tal vez recuerden que tan sólo cinco días antes de que el mundo hubiera escuchado mi nombre, el FBI –luego de que mi amiga Linda Tripp se acercara a la oficina del fiscal especial Kenneth Starr con información sobre mi aventura con el presidente– me emboscó en una aterrorizante operación en el Pentagon City Mall. A los 24 años, atrapada en un cuarto de hotel el 16 de enero de 1998, con principalmente interrogadores masculinos recibiendo ordenes de Starr, intentaron disuadirme de llamar a mi abogado y fui amenazada con 27 años de prisión por llenar una declaración jurada en la que negaba la aventura con Clinton, entre otros supuestos crímenes. Me ofrecieron inmunidad si aceptaba colocar llamadas monitoreadas y usar un micrófono en conversaciones con dos de los confidentes del presidente y posiblemente el mismísimo presidente. Me negué. Confiar en Linda Tripp se convirtió en una traición no intencionada. ¿Pero esto? La madre de todas las traiciones. Eso no lo haría. Valiente o estúpida, tal vez, pero ¿narcisista y chiflada?
Estas descripciones de hace 16 años revivieron memorias de antiguo dolor, particularmente en el área de mujeres que lanzan escarnio entre ellas. Así que tal vez se pregunten: ¿dónde estaban las feministas en ese entonces? Es la pregunta que me perturba hasta el día de hoy.
Deseaba algún signo de entendimiento de un grupo feminista. Algún buen clásico apoyo de mujeres era necesitado. Ninguno vino. Dados los temas en juego –política de género, sexo en el trabajo–, uno esperaría que hablaran. No lo hicieron. Entiendo su dilema: Bill Clinton había sido un presidente “amistoso” con las causas de las mujeres.
Tampoco ayudaba que mi caso no fuera uno de “acoso sexual” convencional; esa acusación contra Bill Clinton fue hecha por Paula Jones, que armó un colosal litigio contra él. Mi nombre surgió sólo porque gracias a nuevos avances de las feministas, las investigaciones en tales casos podían lanzar una red más grande. El caso Jones se volvió un garrote con el que la derecha golpeó a las feministas que apoyaban a Clinton: ¿Por qué no apoyaban entusiasmadamente una investigación sobre un caso de acoso sexual? ¿Qué tal si el presidente hubiera sido republicano? Acusaciones de hipocresía volaron.



El tema hiriente apareció en forma de titular “SUPERCHICAS DE NUEVA YORK AMAN A ESE PRESIDENTE TRAVIESO”. (En una nota que escribió para Vanity Fair, Marjorie Williams lo llamó “lo más vergonzoso que leí en mucho tiempo”). Para mí, ilustra un aspecto perplejizante de la cultura de la humillación, uno que Phyllis Chesler reconoció en su libro La inhumanidad de la mujer hacia la mujer: que las mismas mujeres no son inmunes a ciertos tipos de misoginia. Hoy en día vemos cómo las “chicas malas” del colegio acechan en el área de recreación actual que es internet (o en la mesa redonda de expertos que aparece en televisión o en un restaurant francés), siempre listas para seguir insultando.
Todavía tengo un profundo respeto por el feminismo y agradezco los grandes pasos que dio el movimiento para avanzar en una materia como los derechos de la mujer en las décadas pasadas. Pero, basándome en mi experiencia de haber sido pasada de mano en mano como si fuera un canapé de política de género, no me identifico como una feminista con F mayúscula. Las líderes del movimiento fallaron en articular una posición que esencialmente no fuera en contra de la mujer en 1998. En el caso de las “Superchicas de Nueva York”, creo que no debería haber sido tan difícil para ellas abalanzarse sobre el presidente sin atacarme o avergonzarme. Al contrario, formaron parte de acto de humillación.
Yo, yo misma, lamento profundamente lo que pasó entre el presidente Clinton y yo. Déjenme repetirlo: Yo. Yo misma. Lamento. Profundamente. Lo. Que. Pasó. En ese entonces –al menos desde mi punto de vista– fue una conexión auténtica con intimidad emocional, visitas frecuentes, planes, llamadas telefónicas e intercambio de regalos. Todavía en mis veintipico de años, era muy joven para entender las consecuencias reales y muy joven para darme cuenta de que iba a ser sacrificada por conveniencia política. Ahora miro hacia atrás y sacudo la cabeza y me pregunto: ¿en que estaba –en que estábamos– pensando? Daría cualquier cosa por volver al pasado, rebobinar la cinta.
Como muchos otros norteamericanos, he estado pensando en Hillary Clinton. ¿Qué pasaría, me pregunto, si decidiera postularse en 2016? ¿Qué pasaría si ganara? ¿Qué pasaría si ganara por segunda vez?
Pero cuando pienso en esos temas, para mí hay una dimensión en juego que va más allá de por fin tener a una mujer en la Casa Blanca. Todos recordamos ese grito de guerra de la segunda ola feminista, “el personal es político”. Mucha gente (yo incluida) aseguró que mi relación con Bill Clinton era un tema personal, no uno apto para ser usado en una guerra política de alto riesgo. Cuando escucho hablar sobre la potencial candidatura de Hillary, no puedo evitar pensar en una nueva ola de paparazzi, una nueva ola de artículos del estilo de “¿Qué pasó con…?”, la próxima vez que me mencionen en Fox News mientras cubren las elecciones primarias. He empezado a encontrar debilitante esto de tener que armar el ciclo de mi vida de alguna forma alrededor de un calendario político. Para mí, es un escenario en el que lo personal y lo político son imposibles de separar.
En 2008, cuando Hillary era candidata a presidente, permanecí virtualmente recluida a pesar de que me inundaron con pedidos para hacerme entrevistas. Postergué algunos anuncios relacionados con proyectos de medios en 2012 hasta después de las elecciones. (Eventualmente fueron cancelados –y no, a pesar de lo que digan algunos medios, no me ofrecieron un contrato de 12 millones de dólares para escribir un libro contando todas las intimidades del tema–). Y recientemente, una vez más, me encontré envuelta en la timidez, con miedo a “convertirme en tema de debate” de nuevo en caso de que decidiera postularse otra vez. Pero ¿debería poner mi vida en pausa por 8 o 10 años más?
Al ser una demócrata a conciencia –y estar al tanto de que se me podría usar tanto desde la derecha como la izquierda–, me quedé callada por 10 años. De hecho, me quedé tan callada que en algunos círculos se comenta que los Clinton me deben haber pagado para que no hable. Si no, ¿por qué no habría de hablar? Puedo asegurarte que no hay nada más lejos de la verdad.
¿Por qué hablar ahora? Porque ya es hora de hacerlo.
El año pasado cumplí 40 y es hora de dejar de caminar en puntas de pie alrededor de mi pasado y de los futuros de otras personas. Estoy determinada a darle un final diferente a mi historia. Finalmente he decidido asomar la cabeza desde atrás de la barandilla así puedo recuperar la narrativa de mi vida y darle un sentido a mi pasado. (Cuánto me va a costar es algo que voy a averiguar pronto). A pesar de lo que algunos titulares falsos van a comentar sobre esta nota, esto no es un “Yo contra los Clinton”. Sus vidas siguieron adelante; ocupan lugares importantes y poderosos en el escenario global. No les deseo nada malo. Y entiendo totalmente que lo que me pasó, y mi futuro no tiene nada que ver con ellos.
También tiene que ver con lo personal y lo político. He vivido muchas de las preguntas que eventualmente se convirtieron en una parte central de nuestra discusión nacional desde 1998. ¿Hasta dónde le permitimos al Gobierno que se meta en nuestras habitaciones? ¿Cómo combinamos nuestro derecho a la privacidad con la necesidad de conocer las indiscreciones sexuales? ¿Cómo nos protegemos de un Gobierno que cada vez nos pide mayor acceso a nuestros datos privados e información? Y lo más importante a nivel personal, ¿cómo lidiamos con la forma en que avergonzamos a los demás en la era de de internet? (Mi objetivo actual es involucrarme en esfuerzos para ayudar a victimas que hayan sido humilladas o avergonzadas en internet y hablar sobre estos temas en público).


Hasta ahora, “esa mujer” nunca ha logrado escapar de la sombra de esa forma en que se la presentó en público por primera vez. Yo era la Acosadora Inestable (una frase diseminada por la Administración Clinton) la Chica Fácil y Tonta, la Pobre Inocente que no lograba entender lo que hacía. La Administración Clinton, los secuaces del fiscal especial, los operadores políticos en ambos lados del escenario político y los medios lograron tildarme de todo eso. Y todo eso dejó una marca porque estaba impregnado de poder. Me convertí en una representación social, un lienzo social en el cual cualquiera podía proyectar sus confusiones sobre la mujer, el sexo, la infidelidad, la política y el cuerpo.

A diferencia de los otros involucrados, yo era tan joven que no había establecido una identidad a la cual regresar. No “permití que esto me definiera” –en 1998, simplemente no había tenido la experiencia de vida necesaria para establecer mi propia identidad–. Si todavía no lograste entender quién sos, es difícil no aceptar la imagen horrible que otros crean de vos. (De ahí viene la compasión que hoy siento por aquellos jóvenes que son avergonzados en internet). A pesar de mucha búsqueda personal y terapia y explorar otros caminos, permanecí “atascada” por demasiado tiempo.

Tomado de: infobae.com

sábado, 23 de febrero de 2013

Salud: tragar semen al menos dos veces por semana alejaría la posibilidad de tener cáncer en las mujeres


Según los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte, (EEUU), tragar semen reduciría en un 40 por ciento, el riesgo de contraer cáncer en las mujeres. La publicación se hizo en la revista estadounidense Woman: “Yo animo a todas las mujeres del mundo a que practiquen la felación y que ésta, se convierta en la rutina más importante de su vida diaria”, dijo Helena Shifteer, directora del grupo de científicos. Y afirmó que ella siempre se traga el semen de su marido y, para que el método sea efectivo, debe practicarse al menos dos veces por semana.
La explicación es que el fluido contiene muchos elementos como las vitaminas C y B12, minerales como el calcio, magnesio, fósforo, potasio y zinc. Además es rico en proteínas, sodio, colesterol y azúcares.
Estas propiedades pueden ser de cualquier alimento como el yogurt o una manzana, las entrega precisamente la ingesta de esperma que derrama tu pareja cada vez que tienen sexo.
Fuente: LA República Digital (Uruguay)
tomado de:http://diarioinsolito.com

lunes, 10 de diciembre de 2012

Apresan violador en fragante delito en Zona Colonial


Un hombre fue capturado esta madrugada en flagrante delito por la Policía, cuando cuchillo en mano obligaba a una joven de 20 años a practicarle sexo oral.
Wellington López Peguero, de 39 años, fue apresado por integrantes de una patrulla que realizaba un recorrido por la Zona Colonial, confirmó la oficina de relaciones públicas de la Policía.
López Peguero, quien vive en la calle 31 Este del ensanche Luperón, amenazó de muerte a la joven,  con un cuchillo si rehusaba hacer lo que él le exigía.
La joven cuya identidad El Nacional se reserva, se querelló contra el detenido que será sometido a la justicia en las primeras horas.
Relató que el detenido la condujo hasta un lugar oscuro, donde sacó su pene y obligó a realizare las caricias.
La Dirección Central de Investigaciones Criminales (Dicrim) investiga si el detenido tiene antecedentes criminales o si ha sido sometido a la justicia en otra ocasión.

martes, 27 de marzo de 2012

Hieren menor que se negó a practicar sexo oral

SANTIAGO. Un menor de 16 años de edad fue baleado supuestamente por un capitán de la Policía, luego que el adolescente se negara a practicarle sexo oral al oficial.

El adolescente fue recluido en un centro de salud con dos impactos de balas, en el pecho y el brazo izquierdo, aunque su estado no es de gravedad.

El hecho ocurrió en el sector populoso sector de Pueblo Nuevo cuando el agente supuestamente dio una "bola" al menor y a dos niñas de 12 y 13 años.

Los menores identificaron al oficial como el capitán Díaz, tras señalar que en el interior del vehículo observaron dos uniformes uno gris y otro negro con una placa con ese apellido y tres pinitos.

Sin embargo, el vocero del Comando Cibao Central de la Policía, coronel Lorenzo Morillo Pelagio, informó que hasta el momento no ha recibido denuncia por el hecho. CB

jueves, 21 de julio de 2011

EL SEXO ORAL, PLACER SIN LIMITES

Todos sabemos que esta práctica es una de las más sana donde el/la tiene un sólo objetivo darle placer a su otra pareja.

El sexo oral ha venido escalando con desenvolvimiento en esta sociedad y cada uno de nosotros a puesto  su grano de arena para que no se vea como una especie de Tabú. Ya el sexo oral es un arma excitante en el repertorio del arte Sexual.

Como sabemos el sexo oral es el placer más especial que conlleva al orgasmo de la mujer y lleva como enlace una comunicación rica para la relación en pareja oseas para el amor.

SUCIO E INMORAL



Muchas personas no lo practican por ser para ellos algo sucio e inmoral y se olvidad que el sexo también se describe como algo sucio e inmoral, años atrás también el beso era algo inmoral.

Algunas personas denotan que la sexualidad a la penetración, otros ven el sexo oral como una humillación.



UNA VIDA ORAL


El sexo oral prolonga una relación, una vida sexual más allá de lo imaginado, inclusive para un hombre que no tenga erección podría disfrutar de una vida sexual prolongada.

Otro miedo de la mujer es tragar el semen, tragar el semen no provoca embarazo, su sabor algunas lo encuentran desagradable, pero depende de la alimentación del hombre al tener sexo, además no es obligatorio que la mujer lo ingiera tiene que ser de mutuo acuerdo.



CONOCIÉNDONOS



La vagina mide 8cm de profundidad y su diámetro es de 2cm, pero si se haya estimulada sexualmente  puede crecer hasta 10cm de profundidad y su diámetro de 6cm el clítoris se encuentra entre los dos labios mayores y los menores y es la parte más excitante de la mujer. Y donde la mujer requiere caricias, y besos para llegar al orgasmo.

La zona más sensible del hombre es el pene y la del pene son alrededor de su cabeza donde se divide por una raya.

El sexo oral se puede practicar en varias postura pero siempre es la boca la que estimula el placer. De acuerdo con la asociación mundial de la sexología el 70% de las mujeres necesita la estimulación del clítoris para alcanzar el orgasmo. Además es generalmente posible que una penetrada sin ser excitada sexualmente (En buen dominicano a lo Seco) Sienta Dolor.

Antes del Cunninlingus (Sexo oral en la mujer) debemos valorar el uso de la lengua palabras bellas sobre su cuerpo. También es conveniente acercarse  y abrir sus muslo con las dos manos, iniciar con besos y chuponcidos sexys antes de llegar a su clítoris.

Cuando sientas que tu chica esta a punto de venirse, forma una <> con tus labios y empieza a chupar cada vez más rápido recuerda no detenerte hasta verla derretida.




10 CLAVES PARA EL SEXO ORAL




  1. CONCENTIMIENTO: Jamás debe ser forzado, el sexo debe ser aceptado por los protagonista en una relación.
  2. LA HIGIENE: Recuerda que los genitales y la boca deben estar limpio.
  3. La SALUD: en todas las práctica se puede adquirir alguna enfermedad de transmisión sexual.
  4. ATREVERSE: El sexo aporta nuevas sensaciones y activarse con el sexo oral en tu nueva carrera como mejor amante.
  5. Deshinhibirse: Si tiene temor en hacerlo mal o quedar en ridículo recuerda esto el sexo oral es dejarse llevar y darle placer proporcional a tu pareja.
  6. Sobre GUSTO: El uso de frutas, leche, mermelada, hielo, o miel es bastante atractivo.
  7. JUEGO: Todos los trucos o juegos son bueno en el arte del sexo, el erotismo y la sensualidad vive entre nosotros.
  8. POSTURA: en la que alcanse lo que el/ella quiere esta bien.
  9. JUGUETES:con dedos dildos o vibradores aumentara su deseo sexual.
  10. ES PARA TODOS





lunes, 6 de septiembre de 2010

Mujer sin vagina queda embarazada tras tener sexo oral y ser apuñalada. Ilógico, pero cierto!

La mujer era una menor de 15 años de edad que trabajaba en un bar. Ella fue admitida en un hospital después de una pelea que involucró a su antiguo amante y un nuevo novio. Quién apuñaló a quién no estaba del todo claro, pero los tres participantes en la guerra del amor fueron ingresados con lesiones de cuchillo.

La niña tenía algunas heridas de menor importancia en la mano izquierda y una sola herida de arma blanca en el abdomen superior. Bajo anestesia general, la laparotomía se realizó a través de una incisión en la la línea media abdominal superior para revelar dos agujeros en el estómago. Estas dos heridas era el resultado de la única herida de arma blanca a través de la pared abdominal. Los dos defectos se repararon en dos etapas. El estómago se observó vacío en el momento de la cirugía y no se observó el contenido gástrico en el abdomen. Sin embargo, la cavidad abdominal fue lavada con solución salina normal antes del cierre. La condición de la paciente mejoró rápidamente después de la atención postoperatoria de rutina y que fue dada de alta después de 10 días.

Exactamente 278 días después, la paciente fue admitida de nuevo en el hospital con dolor agudo, dolor abdominal intermitente. El examen abdominal reveló un embarazo a término con la presentación fetal cefálica. El útero se contraía con regularidad y el corazón del feto se escuchó.Cuando fueron a inspeccionarle la vulva, la vagina no la encontraron, sólo un hoyo poco profundo de la piel presente por debajo del meato uretral externo y entre los labios menores. Un segmento de la sección inferior de emergencia por cesárea se realizó bajo anestesia espinal y un varón de 2800 g nació vivo …

… Mientras se cierra la pared abdominal, la curiosidad no se pudo contener por más tiempo y la paciente fue entrevistada con la ayuda de una simpática enfermera. Toda la historia no llegó a ser completamente clara en ese día, pero, con algunas investigaciones posteriores, toda la saga surgió.

la paciente estaba consciente del hecho de que no tenía vagina y que ella había iniciado experimentos con el sexo oral después de varios intentos decepcionantes en las relaciones convencionales. Justo antes de que ella fue apuñalada en el abdomen le había practicado una felación a su nuevo novio y fue sorprendida en el acto por su ex amante. La lucha con cuchillos empezó inmediatamente. Ella Nunca había tenido un período y no había rastro de ello después de la cesárea. Ella había estado preocupada por el aumento en el tamaño de su abdomen, pero no podía creer que estaba embarazada a pesar de haberle pasado por la cabeza anteriormente, notaba como el grosor de su vientre aumentaba y que la gente alrededor de ella sugirió que ella estaba embarazada. Le hizo recordar varios episodios de dolor abdominal bajo durante el año anterior. La joven madre, su familia, y el padre del bebé pudieron adaptarse rápidamente a la nueva situación e intercambiaron algunas cabezas de ganado para demostrar que no hay resentimientos entre las partes.

TOMADO DE: http://miraquevaina.wordpress.com

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