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sábado, 30 de abril de 2016

DADIVOSIDAD

30 de abril

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 2Corintios 9:7.
                     
El amor de Dios para con el ser humano se expresó en el bendito acto de entregar, donar y sacrificar. Lo dio todo; nada guardó para sí. Entregó su propia vida. Si tuviera que volver a hacerlo un millón de veces, no hubiese dudado en hacerlo. Amaba al ser humano, y nada impediría rescatarlo.
          
La dadivosidad divina es la expresión de su misericordia; es el lenguaje de su amor. Dios no escribió su amor por ti con letras doradas, en un papel perfumado; lo escribió con sangre, en la cruz.
                    
Cada vez que el ser humano da, está reflejando el amor de Cristo, que habita en su corazón. No es un deber del cristiano. Es la expresión de la paz interior; la alegría de saberse feliz. Solo da quien ama; y solo ama el que fue alcanzado por el amor divino.
                   
El llamado que Pablo hace, en el versículo de hoy, es el llamado a ingresar en el círculo del amor. El mundo perece por falta de amor. Los hogares necesitan palabras y expresiones de amor. Hay corazones, cerca de ti, que son tierra desértica que necesita de una palabra de amor como si fuese una gota de agua.

Cada uno dé como propuso en su corazón, dice el apóstol. Es necesario proponerse: proponerse es determinar, tomar la decisión. Crear conciencia de la necesidad y hacerlo. ¿Por qué? Porque, aunque hayamos conocido el evangelio, el corazón continúa siendo humano y egoísta.

Es preciso buscar a Dios y pedirle que nos dé un corazón capaz de amar, y de pensar que los otros también sufren y enfrentan dificultades, y que no somos el centro del universo.

Hoy es un día de muchos desafíos para ti. Asume como uno de ellos la dulce misión de amar y de ser feliz. Por increíble que te parezca, cada vez que das eres bendecido con el maravilloso sentimiento de saber que aliviaste el dolor ajeno. ¡Y eso te hace feliz! Pensar en los demás hace un bien que no se puede comprar con dinero ni se puede recibir en la sala de un psicoanalista.

Enfrenta la lucha de este nuevo día recordando: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

jueves, 28 de abril de 2016

¡PRUEBAS, PRUEBAS!


28 de abril

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas. Santiago 1:2.

Hacía algunos meses que Maira olvidaba las cosas. Su mente retrocedía, acelerada, hacia algún lugar donde ella se escondía. En ese extraño mundo, el olvido no tenía importancia; ni los recuerdos. 

Tampoco la alegría o la tristeza. Aquel universo estaba construido de vacío. Ella andaba, aparentemente insensible, por los rincones de su propio universo. Pero, la familia sufría. La tenían como referente. El esposo había fallecido varios años atrás, y ella era la matriarca. Verla en ese estado los dejaba como un día sin sol.
Fue en esas circunstancias que la hija mayor me buscó, con una pregunta: ¿Por qué Dios no la hace descansar? ¿Qué sentido tiene la vida, en ese estado?
¡Pruebas! Las encontramos todos los días. El versículo de hoy usa la expresión “diversas pruebas”. El enemigo viene por todos los lados: es la pérdida del empleo; un divorcio doloroso; el descubrimiento de que el hijo está en las drogas; la traición del mejor amigo; las injusticias del trabajo, en fin...
Pero, Santiago dice que debes alegrarte cuando te veas atravesando el valle de las pruebas. ¿No es demasiado pedir? En el original griego, la palabra“pruebas”, peirasmos, literalmente significa estado de lucha mental en el que te ves inclinado a separarte de Dios.

Tal vez, esto lo explique todo. Cuando el enemigo coloca pruebas en tu camino, su objetivo es separarte de Dios; hacerte creer que es el Señor quien te envía el dolor. Si en ese momento te vuelves en contra de Dios, el enemigo ha logrado su objetivo. Pero, si en el instante de la prueba te vuelves hacia
Dios, entiendes que el dolor puede constituir un instrumento de edificación.

Todo depende de la perspectiva de la realidad. El presente estado de cosas no es el fin; no juzgues las actitudes divinas cuando el trabajo aún no ha sido terminado. Si tu visión del mundo es materialista, las pruebas son motivo de tristeza. Si es espiritual, serán motivo de agradecimiento y de gozo. Es en el fuego que el oro se refina. ¡Y tú eres oro!
Por eso hoy, a despecho de lo que puedas estar viviendo, levanta las manos al cielo y agradece. Después, parte confiado para enfrentar las dificultades de la vida. Porque, “hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”.

La Plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

sábado, 23 de abril de 2016

¡CONGRÉGATE!

23 de abril

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18:20.

La mañana está fría aquí, en Santa fe. No me gusta esta época del año. Las hojas secas, caídas en el suelo, me recuerdan las consecuencias tristes del pecado. Hace rato que estoy aquí, tratando de desarrollar el pensamiento del texto que tengo delante de mí. Oro a Dios, y nada viene a mi mente. Me preocupo. Falta poco tiempo para entregar este manuscrito, y no llegué siquiera
a la mitad del trabajo.
Súbitamente siento el frío helado de estas montañas acariciando mi rostro, y empiezo a escribir. ¡Es maravilloso! Descubrir que soy un instrumento, 
en las manos de Dios, para llevar una palabra de consuelo al joven herido, al
anciano triste y a la madre desesperada. Tener libertad, páginas en blanco, y
todas las palabras guardadas en un rincón del alma.

No lo sé; quizás estuvieron allí todo el tiempo, como en un nido acogedor, y yo no lo percibía. Pero, aquí estoy, para decirte que la vida no puede ser vivida aislada de las otras personas; que necesitas de los demás; que el carbón, retirado del brasero, en poco tiempo pierde su calor y su brillo.

Cuando el Señor Jesucristo pronunció estas palabras, las dijo mientras hablaba del tema del perdón. Inclusive, Pedro le preguntó: “¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano?” El Maestro estaba explicando a sus discípulos lo difícil que resulta convivir con otras personas, a pesar de haber sido convertidas. 

Cada ser humano es diferente del otro; cada uno tiene una personalidad. 
La creación divina es una acuarela viva: muchos colores, muchas formas, 
variadas personalidades; un mundo vasto y diversifi cado. Es natural que convivir con los demás no sea fácil, aun dentro de la iglesia.

A pesar de eso, fuimos creados con el fi n de vivir en permanente dependencia unos de los otros, extendiéndonos la mano, perdonándonos y aceptándonos con nuestras diferencias.

Nada es motivo para aislarse y vivir separado; mucho menos para decir que porque alguien dijo algo que no te gustó debes abandonar la iglesia.

Revisa tu manera de pensar. Dios tiene su iglesia en esta tierra. Es comovun cuerpo: cada ser humano es un miembro, y el buen funcionamiento del cuerpo depende de la salud de cada miembro.

Recuerda el consejo de Jesús: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

miércoles, 20 de abril de 2016

MUY PRONTO


20 de abril

Y el Dios de paz aplastará muy pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. 
Romanos 16:20.

Estoy en la playa. Es un día de mucho sol y, sin embargo, oscuro. ¿Contradicción? ¡No! Nubes negras, preñadas de lluvia, anuncian tormenta. 

A pesar de eso, el sol brilla, soberano, aunque todo esté oscuro aquí abajo. 
Sentado a la orilla del mar, mientras el agua moja mis pies, pienso con
tristeza en la situación de horror y de muerte que vive el pueblo haitiano
después del terremoto. En medio a tanto dolor, no puede salir de mi mente la imagen de la enfermera rescatada con vida después de cuatro días de haber estado enterrada bajo los escombros del hospital en el que trabaja. No puedo olvidar el brillo de sus ojos negros cuando dijo, delante de las cámaras de televisión: “Nada está perdido. Yo creo en Dios”.

Tu cielo, en este momento, puede parecer oscuro, cubierto de nubes amedrentadoras; pero, si tu fe está depositada en el Dios todopoderoso de la
Biblia, el sol brillará, más tarde o más temprano.

Esa es la promesa de Pablo a los Romanos. El apóstol anuncia la derrota
completa del enemigo: “Satanás estará pronto bajo tus pies”. Es una promesa
divina, y Dios jamás deja de cumplir una promesa. Hoy, el enemigo puede traer dolor a tu vida. En este momento, tal vez, las lágrimas no te permitan ver al Señor Jesús a tu lado. Pero él está ahí.

La enfermera haitiana confía en Dios a pesar de que todo, a su regreso, está destruido. El terremoto acabó con su casa, con sus muebles y hasta con seres que ella ama. Pero no pudo acabar con su fe. Ella sabe que, detrás de las nubes oscuras, brilla un sol esplendoroso. 

A propósito, aquí en la playa el sol empieza a aparecer, lentamente. Y eso me recuerda que las nubes siempre son pasajeras. Es solo un asunto de tiempo y de paciencia. La tormenta jamás prevalece.

Parte hoy para enfrentar las luchas de un nuevo día, pero lleva contigo la certidumbre de que los días que el enemigo tiene para continuar trayendo 
dolor a tu vida están contados. Cuando el suelo tiembla bajo tus pies, levanta los ojos. Dios está en el mismo lugar. Y, finalmente, “aplastará muy pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros”. 

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

martes, 19 de abril de 2016

VUESTRO TESORO

19 de abril
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Mateo 6:21.

¿Es posible amar la vida, enamorado de la muerte? Incoherentemente, absurdo como parezca, sí, es posible. La existencia humana está Tejida de locuras desde la entrada del pecado. Como la vida de aquellas dos personas que caminan por senderos agrestes, sobre la piel del planeta. Son dos almas tristes, que se extravían en la noche de su historia, acompañadas de un recuerdo, de una lágrima que resbala por las arrugas del tiempo y de una sonrisa negada.

Los dos extraños caminantes lamentan la vida perdida. Corrieron con desesperación, buscando dinero. Creían que buscaban vida; con dinero, podrían poner “sabor” a las cosas. Y fueron solo cosas lo que hallaron. Pusieron su corazón donde estaba su tesoro. Y su tesoro estaba en la tierra, donde las
cosas son pasajeras y fugaces. Donde nada dura.

Ahora es tarde. Es eso lo que ellos creen. Por eso caminan, con las manos en los bolsillos vacíos. “Ahora es demasiado tarde”, gritan. Y sus gritos hacen eco en las paredes de su propia conciencia.Ignoran ellos que, para Jesús, nunca es tarde. Él está, todos los días y en todos los momentos, tocando a la puerta; llamando con los brazos abiertos, y esperando. Siempre esperando...
¿Cuál es el sentido de tu existencia? ¿Hacia dónde vas? ¿Adónde te diriges? ¿Dónde está tu tesoro? Hoy puede ser un día de evaluación de tus prioridades. La vida es corta; cuando menos lo esperas, te miras en el espejo de la vida y te descubres viejo. La juventud se fue... Y ¿qué es lo que te quedó? Coloca el corazón en las cosas de arriba, en las que no se ven. Lucha por ellas.

Aunque invisibles a los ojos físicos, son las que, al fi n de cuentas, permanecerán cuando todo se haya perdido. No permitas que el brillo engañoso de las cosas pasajeras te haga vivir solo para los valores terrenales, olvidando que a tu lado hay gente, con sueños y con sentimientos.

Dos personas caminan por las carreteras sinuosas de la vida. Son dos almas halladas por el maravilloso amor de Jesús. Tienen las manos en los bolsillos vacíos; pero eso ya no importa: ¡encontraron a Jesús, y eso marca toda la diferencia!

Disponte hoy a caminar en la dimensión de la fe, “porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

domingo, 17 de abril de 2016

RECOMPENSA

17 de abril

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. Mateo 10:42.

Soledad, miedo y muerte. Las tres figuras patéticas y sin forma definida, que siempre lo persiguieron, bailaban frente a él. La danza sinuosa y envolvente de la soledad se acercaba, como felino al acecho. El ruido estrepitoso del miedo lo asustaba terriblemente. Y la voz chillona del teléfono, que llamaba sin cesar, le pareció la risa de la muerte. 

Miró hacia todos los lados. Nada halló; solo su terrible soledad, la angustia de su miedo y la proximidad de su muerte. Agonizaba. A su lado, el frasco vacío de barbitúricos completaba el cuadro macabro, mientras el teléfono seguía 
sonando con insistencia. Rita, la vecina de enfrente, lo había visto deprimido como nunca, aquella tarde.

-Creo que la única salida para mí es la muerte –le había dicho Piero, al 
despedirse. Por eso, ella se propuso llamarlo de hora en hora.

El hombre calmo, de mediana edad y canas prematuras, le respondió dos 
veces. Había un lamento de dolor del alma en su voz. La tercera, no respondió. 
Rita insistió. Su instinto de mujer le decía que aquel hombre corría peligro y necesitaba de ayuda. No era de pan ni de ropa; era de ánimo, de una palabra de apoyo, de un hombro amigo.

Al ver que el hombre no respondía, Rita llamó a la policía y corrió a la casa de Piero. Empujaron la puerta, y lo encontraron en el piso de la sala, gimiendo y esperando el minuto fatal. El “vaso de agua fría” que Rita ofreció aquel día a un vecino deprimido fue su gesto de preocupación por un alma herida. 

Todos los días, en todos los lugares, hay gente necesitada de amor; gente que vive el drama de la soledad y huye de sí misma. Nada cuesta detenerse, 
escuchar un poco, intentar entender el dolor ajeno y extender la mano.

Hoy es un día que podrías usar para mirar más allá de tus propios problemas. Es verdad que puedes estar viviendo el momento más difícil de tu historia, pero es verdad, también, que siempre existe, cerca de ti, gente que sufre más.

Haz de hoy un día de amor práctico. Ofrece un vaso de agua al cansado peregrino, porque: “Cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa”.

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

sábado, 16 de abril de 2016

SOLO UN NIÑO

16 de abril

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Isaías 9:6.

Fénix es tierra desértica; parece no tener vida. Pero, la gente habita en ella como en cualquier otra ciudad del mundo.

Las palmeras que la adornan son la prueba más grande de que el ambiente puede ser hostil pero, si tus raíces buscan el agua de la vida, no hay sol capaz de destruirte.

Fue en Fénix que conocí a Esteban. Semidestruido, sin ganas de vivir. Demasiado joven para creer que había llegado al fi n de la línea; treinta años. ¡Quisiera yo tenerlos, para hacer tantas cosas que nunca salieron del mundo de mis sueños! ¡Sueños! Esteban no los tenía; creo que nunca los tuvo.

Había crecido en un ambiente hostil, cruel, injusto. Maltratado desde pequeño por el padrastro, pensaba que sobrevivir ya era bastante. Pero, sufría; no era feliz.

Nadie puede serlo, con el potencial escondido en lo recóndito del alma. Tenía alas y no volaba. Entonces, las alas lo estorbaban.

–El mundo no necesita de mí –se quejó–. Creo que, si hoy desapareciese, nadie sentiría mi ausencia. No soy nada. Ni siquiera terminé mis estudios.

Los cinco nombres de Jesús que el texto de hoy presenta y expresan su sabiduría, grandeza, poder y eternidad. ¡Atributos extraordinarios! Y todo eso nos fue dado en la persona de un niño.

¿Puede haber algo más simple, pequeño, insignifi cante y dependiente que un niño? Así son las cosas en el Reino de Dios.

Todo nace pequeño, aparentemente insignifi cante. Pero trae, dentro de sí, un potencial de proporciones gigantescas. Nace para ser grande, trascendental y signifi cativo.

Esteban vivía más preocupado con lo que no era que con lo que podía llegar a ser si colocaba su vida en las manos de Jesús. Ignoraba que Dios es el Dios de las cosas pequeñas que se hacen grandes.

Una simple vara, en la mano de Moisés, abrió el Mar Rojo. Una semilla de mostaza se transforma en árbol; en sus ramas, las aves del cielo hacen sus nidos. Un poco de sal transforma el sabor de la comida.

Una cantidad insignificante de levadura modifi ca la estructura de la masa. Cinco panes y dos pequeños pececillos alimentan una multitud hambrienta.

¿Por qué no podría tomar la vida de un joven de treinta años y sacudir al
mundo? En el nombre de Dios, ¡despierta, Esteban, o como te llames! Y recuerda
que “un niño nos es nacido y su nombre será Admirable”.

La plenitud en Cristo

viernes, 15 de abril de 2016

POR SU MUERTE

15 de abril

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Romanos 5:6.

El sonido de la explosión fue espantoso. Después vinieron gritos, horror y sangre. El sargento Salzman miró a su alrededor... El peligro había pasado. La explosión dejó cuatro soldados muertos; él estaba vivo pero, para su desesperación, notó que su brazo derecho había desaparecido, y la sangre brotaba como un chorro.

Semanas después, delante del espejo de pared del Centro Médico de la Armada Americana Walter Reed, empezó a entender su realidad. Tendría que aprender a vestirse, a lavarse los dientes y el rostro, con el brazo protético que le acababan de colocar.

Tuvo ganas de llorar. No por causa de la prótesis; estaba vivo, y aquel brazo lo había perdido luchando por su país, en la guerra de Irak. La vida, en la forma que fuese, era motivo para agradecer a Dios.

¡Vale la pena vivir! Sin brazos o sin piernas. La vida continúa siendo vida cuando la esperanza palpita en el corazón. Y la esperanza no es una actitud mental. Conozco gente que, por más ejercicios de actitud mental que realice, acaba en la locura, la desesperación y la muerte. No puede convivir con su nueva realidad después de un accidente.

La auténtica fuente de esperanza es Jesús. Él te muestra una dimensión desconocida de la vida. El texto de hoy manifiesta que cuando aún éramos débiles, Jesús murió por nosotros ¿Quiénes éramos nosotros? ¿Qué habíamos hecho para merecer el sacrificio supremo de Jesús? Nada; éramos impíos, dice Pablo. Habíamos escogido nuestros propios caminos. Pero, Dios nos amó al punto de entregar la vida preciosa de su Hijo, por salvarnos.

La salvación involucra una actitud mental vencedora, aun en medio de las dificultades y las adversidades. Puede no haber sol, pero la esperanza cristiana te brinda la convicción de que el sol brilla por encima de las nubes.

Cristo asumió tu culpa. Pagó su precio en la cruz, y te confirió el derecho de mirar los horizontes infinitos de una nueva vida, a pesar de la situación en que te encuentres.

Comienza hoy un nuevo día sabiendo que lo que te resta de vida es la oportunidad de escribir una nueva historia. Quita de tu cabeza la idea pesimista de que “ya nada volverá a ser como antes”; no necesita serlo: lo que pasó, pasó. Atrévete a escribir una nueva historia, recordando siempre que “Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”.

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

jueves, 14 de abril de 2016

¡CUIDADO!


14 de abril

Porque: el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño. 1 Pedro 3:10.

Me acuerdo de la segunda vez que nos vimos. De la primera, también. Nos hablamos en el parque del colegio. Contamos nuestras historias, y pensé que llegaríamos a ser grandes amigos. 

Pero, la segunda vez quedó marcada en mi memoria para siempre. Me contó una historia triste, me conmovió, y le di lo que tenía en el bolsillo: el dinero que yo necesitaba para comprar un libro. Sin libro y sin dinero, fui a la biblioteca y estudié allí. Me sentía bien, habiéndole hecho un favor a mi amigo. Cualquier sacrificio valía. Lo había sacado de una situación difícil; por lo menos, eso creía yo.

Al volver a casa, lo vi en la cantina, pagándole la cuenta a un grupo de amigos, con mi dinero.
A partir de aquel día, él se distanció de mí. Nunca me dio una explicación. Simplemente, se alejó, y jamás me devolvió el dinero.

¿Quién perdió y quién ganó? No fui ingenuo al creer en su historia; confié en él. Gané. Perdí el dinero, pero gané en experiencia. Aprendí a conocer mejor al ser humano.

La vida pasó. Un día de esos, conversando con colegas de antaño, alguien lo mencionó. Continúa con la misma actitud: tratando de engañar a todos los que encuentra en su camino. Nada logró. Envejeció, sin pena ni gloria. La vida se le fue, y jamás vio “días buenos”.

El apóstol Pedro habla, en el versículo de hoy, de la importancia de usar la lengua para construir, y no para destruir. Se menciona de manera específica la palabra “engaño”, como uno de los peores instrumentos del Lenguaje. Engaño, en el original griego, es dolos. Significa decir cosas bonitas con la intención de alcanzar propósitos malos.

Es el joven que se acerca a una chica para decirle que la ama cuando, en realidad, solo desea pasar un buen momento con ella; es decir que estás enfermo para no trabajar, o hacer creer a los otros que pasas por un momento difícil, con el fin de lograr la conmiseración de las personas y alcanzar objetivos cuestionables.

Pide hoy a Jesús que te ayude a utilizar bien el don de la palabra, “porque: el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño”.

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

miércoles, 13 de abril de 2016

¡LEVÁNTATE!

13 de abril

Por Dios son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Dios sostiene su mano. Salmo 37:23, 24.

Isaías es un joven cristiano. Aprendió a depositar su confianza en Dios desde niño, y las cosas siempre le fueron bien. Hace cinco años, inició un negocio. Iba viento en popa. Lamentablemente, quiso dar el paso más largo que las piernas, y hoy la empresa está hundida en un mar de deudas.

El joven empresario entró en pánico. Se desesperó y, arrodillado, preguntó a Dios: “¿Por qué permitiste todo esto, si yo siempre te coloqué a ti en el control de mi empresa?” Isaías necesitaba entender el texto de hoy. ¿Qué sucede cuando el ser humano permite que Dios ordene su camino? La vida es una experiencia de crecimiento y de prosperidad. La palabra hebrea traducida como “ordenar” es kuwn, que significa armar, dar seguridad, establecer. ¿No es eso lo que toda empresa necesita para dar resultado?

Cuando tus pies vacilan caminas con timidez; tienes miedo de arriesgar, no te atreves a avanzar. ¿Qué te falta? ¡Que Dios establezca tus pasos, que dé firmeza a tus pies!

Conozco gente inteligente, capaz, luchadora y tenaz, que no prospera. Cualquier iniciativa termina en frustración. Entonces culpa a los demás y, si no encuentra a otros para culpar, transfiere la causa de su fracaso a la “mala suerte” o al “destino”.

Por otro lado, el hecho de que Dios ordene tus pasos, como es el caso de Isaías, ¿quiere decir que estarás libre de dificultades? ¡No! Vives en un mundo de dolor y tristeza. Muchas veces, tus pies resbalarán; encontrarás hoyos traicioneros en tu senda, trampas, lodo, y hasta arena movediza. Pero, ahí entra la segunda parte del texto: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado porque Dios sostiene su mano.

Esta es la figura del padre, que camina llevando a su hijo de la mano. Los pies del niño pueden resbalar, tropezar, porque es niño; pero, mientras el padre lo sostiene de la mano, el niño no queda caído.

martes, 12 de abril de 2016

EN POS DE MÍ


12 de abril

Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión. Números 14:24.

La recompensa de Caleb no fue resultado de su espíritu aguerrido. Su espíritu aguerrido fue el resultado de haber seguido a Dios. El texto dice que “en él hubo otro espíritu y decidió ir en pos de mí”. Al referirnos a Caleb, generalmente nos concentramos en las características de liderazgo que él demostró tener a lo largo de su vida. Ya he oído exposiciones de auto ayuda, mencionando a Caleb como ejemplo del hombre vencedor.

Pero, pocas veces oí a alguien destacar la verdadera causa de las características positivas de su personalidad. Él decidió ir en pos de Dios, escogió servirlo, vivir con el Señor. Esta es la más sabia decisión que algún ser humano pudiera tomar. El resultado de esa decisión fue que él y sus descendientes disfrutaron de las bendiciones de la Tierra Prometida.

Es triste ver que los seres humanos buscamos desesperadamente las bendiciones. Todos corremos en pos de los propios sueños y realizaciones; todos luchamos por un “pedazo de tierra bajo el sol”. Pero, pocos deciden seguir a Dios y prestar oídos a sus enseñanzas.
¿Cómo ir en pos de Dios, en nuestros días? Separando diariamente un tiempo para estudiar la Biblia y orar. El estudio de la Biblia no es un deber del cristiano; es el secreto de la vida victoriosa. Resulta alarmante cómo, a veces, estamos dispuestos a pagar una alta suma de dinero con el fin de asístir a un seminario de autoayuda, cuando todo lo que se enseña allí está en la Palabra de Dios, y no tienes que pagar nada por eso.

Busca al Señor todos los días. Deja que él entre en tu vida. Resérvale un lugar en tu agenda. Conversa con él. Cuéntale de tus necesidades y ansiedades. Pídele orientación y consejo, por medio de la lectura de la Biblia. Y verás cómo tendrás otra visión de la vida y de los problemas. Estos seguirán allí, pero tú no serás el mismo. Dios estará contigo, y en su nombre serás capaz de atravesar los mares rojos de la vida, cerrarás la boca de los leones que te quieren devorar. La antorcha de la Presencia divina te acompañará de noche, y durante el día vivirás a la sombra del Omnipotente.

Haz de este un día de compañerismo especial con Jesús, y recuerda lo que Dios anunció: “Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu,  y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión”.

La plenitud en Cristo
Alejandro Bullón

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