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jueves, 26 de marzo de 2015

“¿Por qué la enfermera se llevó mi hijo a su casa?”

Villa altagracia. Bertina Ciprián se sienta con cuidado; está adolorida por la cesárea del 8 de marzo. Se queja de que aún no conoce a su bebé. Dice a DL que espera que el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) se lo entregue, pues lo mantiene bajo su cuidado, mientras se investiga a dos enfermeras acusadas de apoderarse de la criatura nacida en el Hospital Vinicio Calventi, de Los Alcarrizos.

Su esposo, Epifanio Polanco, piensa demandar al personal de la subdirección del hospital. En el centro se informa que al Ministerio Público le compete ahora informar sobre el caso, tras abrirse la investigación.

Ciprián, de 37 años, dio a luz a su quinto hijo, Chaendi, de 9 libras y 3/4. El bebé nació con complicaciones respiratorias. La madre fue dada de alta el 10 de marzo, y la criatura debió quedarse ingresada. La progenitora se marchó a su casa en la empobrecida comunidad Los Algarrobos. El hospital indica que no se notificó a las autoridades que la madre se marchó.

El 12 de marzo dan el alta al bebé. Sin embargo, los padres afirman que cuando fueron al hospital a ver la criatura, se les informó que había muerto. Al intentar reclamar el cuerpo, la Dirección se enteró de la situación.

"La supervisora del hospital le dijo a mi esposo que me lo habían entregado a mí, y que lo tenía aquí en mi casa. Me mandaron a buscar, y yo no tenía el niño aquí. Fui allá, y entonces apareció el niño, que lo tenía una enfermera en su casa", explica Ciprián.

Una nota del hospital señala que en las indagatorias se determinó que la enfermera Olga Grullón reportó a la Dirección que la madre no podía llevarse el niño a la casa por razones personales con su pareja, y decidió regalarle el bebé. A requerimiento de las autoridades del centro -indica el hospital-, la mujer se presentó con el recién nacido y una supuesta autorización manuscrita de la madre.

"Yo estoy rajada desde aquí a acá", dice Ciprián, mientras mueve su mano de izquierda a derecha sobre su área pélvica. "Y tratando de que el niño se salve, entonces ¿yo voy a hacer eso? No, jamás en la vida. Yo quiero que mi hijo venga, y ella lo tenía en su casa. ¿Por qué motivo ella se lo llevó para su casa?".

El bebé y CONANI

El CONANI pidió a los padres que declararan al bebé, un proceso que los progenitores informan se ejecutó el pasado martes.

Aseguran que el CONANI pudiera entregarles a su hijo la próxima semana. Polanco se queja de que el Consejo ha sido hermético con ellos.

Al consultar al CONANI, la institución informó a través de su Departamento de Comunicación que el niño seguirá bajo su cuidado.

Explicó que la decisión de entregar o no al menor a sus padres, dependerá de los resultados que se obtengan de procedimientos que se tienen que materializar antes de emitir una decisión final sobre la guarda del pequeño.

"Todavía no se ha establecido una fecha específica para devolver el niño a los padres, ya que como parte del procedimiento, sí se les pidió que declaren al niño, y que presentaran el acta de nacimiento en la oficina de CONANI en Los Alcarrizos, pero ése es sólo uno de los documentos que la institución necesita", expresa en una comunicación escrita.

"Yo no quiero que se repita en otra madre", dice Ciprián, "eso está muy mal hecho por ese hospital". "Espero que de este en adelante eso no vuelva a suceder", agrega.

El martes vio al bebé, pero dice que fue en una fotografía que le llevó su esposo. Cuando recuerda que no lo ha podido amamantar, se le salen las lágrimas.
Sobre las investigaciones

Como parte de las investigaciones, la Dirección del hospital determinó suspender a dos enfermeras, y amonestar a los empleados que estuvieron de servicio en el área de Neonatología. Mientras el Ministerio Público hace las indagatorias, el CONANI tiene pendientes varias acciones, entre ellas visitas socio-familiares, y completar y presentar un informe general que implica realizar una serie de trámites. "El Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia de manera oportuna hará su recomendación, pero es el fiscal actuante en el caso quien tomará la decisión final", precisó.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Acusan a dos enfermeras de robar a un recién nacido

SANTO DOMINGO. El director del Hospital Vinicio Calventi suspendió a dos enfermeras del centro, a las que acusan de robar a un recién nacido el pasado ocho de este mes.
Marcelo Puello identificó a las enfermeras como Olga Grullón y Luz Pérez, mientras que los padres del bebé son Bertina Ciprián de Jesús, de 35 años, y el apodado Polanco.
De acuerdo con el director del hospital, se enteraron de la desaparición del niño el pasado día 12 cuando el padre se presentó al hospital para conocer del estado de salud de su hijo y un empleado del departamento de Neonatología le informó que había fallecido, por lo que acudió a reclamar el cuerpo a la morgue. Allí le informaron que no tenían conocimiento del cadáver, tras lo cual se presentó a la dirección del centro de salud y el director dispuso una investigación que arrojó el alegado robo del recién nacido.
La enfermera Grullón habría declarado que la madre del niño se lo regaló por supuestos problemas con su pareja y mostró una autorización manuscrita firmada por la progenitora, luego admitió que la falsificó.
El director notificó el caso al Consejo Nacional de la Niñez (CONANI) y al Ministerio Público, quienes se han hecho cargo de la criatura hasta tanto concluyan las investigaciones.

lunes, 18 de agosto de 2014

Médicos y enfermeras se sacrifican para detener epidemia de ébola

KAILAHUN, Sierra Leona, AFP. – Colocado en un féretro desinfectado en la caja de un camión, junto a otros dos cadáveres envueltos en sacos, el doctor Modupeh Cole fue enterrado sin flores ni coronas fúnebres, lejos de los suyos: el ébola no tiene piedad de los profesionales de la medicina. Este médico, un reputado especialista del hospital Connaught de Freetown, capital de Sierra Leona, falleció menos de dos semanas después de haberse infectado con el virus.

Examinando a un enfermo que, según sus colegas, representaba el primer caso de ébola en este nosocomio con 102 años de antigüedad, no tenía la menor idea del peligro al que se exponía. Pero poco después de atender a este paciente, el galeno comenzó a quejarse de fiebres altas y fuertes dolores de cabeza.

Al no contar con infraestructuras especializadas en la capital, fue trasladado a un centro de tratamiento de ébola de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Kailahun, en el este del país, donde se concentra la epidemia, y donde murió a los pocos días. Según Samuel Patrick Massaquoi, director del hospital gubernamental de Kailahun y exdiscípulo de Cole, el efecto sorpresa no le dejó la menor posibilidad. El hospital Connaught acoge “pacientes con todo tipo de patologías”, explica. Desde el comienzo de la epidemia, “los adultos, en particular, esconden los síntomas y no dicen cómo se sienten”, lamenta este médico. “Llegan a cualquier hospital del país diciendo: ‘sufro paludismo, o fiebre tifoidea’. Fue lo que le ocurrió” al doctor Cole.

Los últimos días de una víctima de ébola pueden ser terribles, con dolores musculares atroces, vómitos, diarreas y hemorragias tremendas que desangran al enfermo. Y, los funerales brindan muy poco consuelo tras un final tan doloroso. Los efectos personales de los enfermos son quemados y los entierros frecuentemente se desarrollan solamente con la presencia de los sepultureros. “Las familias muchas veces no asisten a los entierros por ébola, pero pueden venir después, porque conservamos una lista de las personas inhumadas y del lugar de sepultura”, señala el director del equipo del ministerio de Salud encargado de enterrar a Cole.

Echados por sus familias 
El levantamiento del cadáver en el centro de MSF en Kailahun no fue una excepción: no hubo ceremonia en su memoria, sino una operación realizada con una precisión quirúrgica. Los integrantes del equipo de MSF, con trajes de protección, desinfectaron meticulosamente el saco mortuorio y el carro en el cual fue estibado, antes de depositarlo en un féretro previamente desinfectado y cargado en un camión lavado con lejía.
En el mismo, el médico partió a integrarse al batallón de los profesionales de la salud caídos en la lucha contra la epidemia, algunos con una abnegación que recuerda la de los “liquidadores” de Chernóbil en Ucrania, que en 1986 se sacrificaron para detener el incendio del reactor nuclear y así intentar detener la catástrofe. Los servicios de salud sierraleoneses afirmaron el 14 de agosto, día del entierro del doctor Cole, que 32 enfermeras habían sucumbido por ébola desde fines de mayo, o sea, casi el 10% de los casos mortales registrados en el país. En el parlamento, el responsable de los servicios médicos, el doctor Brima Kargbo, señaló la ingratitud de la población. “Hay un rechazo a (aceptar) la existencia del ébola, y una hostilidad hacia los trabajadores de la salud”, dijo.

Saffa Kemoh, miembro del équipo encargado de los entierros de las víctimas de la fiebre Ébola del ministerio de Salud en Kailahun, señala que sus amigos ya no se le acercan más y que su familia reniega de él. “Dicen que no me dejarán entrar más en casa. Me echaron”, contaba a la AFP este hombre de 22 años.

Ella Watson-Stryker, de 34 años, una organizadora de MSF, quien participa en la lucha contra el ébola desde el anuncio en marzo de la epidemia en la vecina Guinea, se rebela contra esta injusticia. “Ellos (los trabajadores) tienen muchos problemas en su entorno. Tenía un miembro del personal a mi cargo cuyo padre rechazaba hablarle. Ha habido quienes sus familias les dijeron que tenían que dormir fuera de la casa y fueron excluidos de las comidas familiares”, explica. “Con el tiempo, la gente comienza a comprender y la estigmatización disminuye”, continúa, “pero es una situación muy difícil”, apostilla.   AFP

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